Idelfonso Royo Escudero

Empleado de banca ejemplar y Árbitro de baloncesto de Primera

 

Ildefonso Royo

Como ya hemos comentado en otras entrevistas de LA SIRENA DE ARAGÓN, el empleado de Banca, independientemente de su dedicación plena a la actividad profesional, en la mayoría de los casos, ha derivado sus momentos, podríamos decir lúdicos, a practicar una serie de actividades que abarcan una gama polifacética realmente admirable; lo mismo en la cultura que en el deporte.  Es el caso de nuestro amigo y compañero,  Ildefonso Royo Escudero (Alfonso para sus amigos), que siempre ha sido un enamorado del deporte y concretamente del baloncesto, llegando a destacar sobremanera como árbitro de auténtica élite, pues lo fue durante bastante tiempo de la primera categoría.

Es ya norma habitual, en todas nuestras entrevistas, que nuestro invitado nos hable de su trayectoria en el Banco y la de Alfonso fue auténticamente ejemplar.

Se nota que eres un buen amigo mío. Yo entré en el Banco de Aragón, en el año 1943, fue de botones. En el año 1946 aprobé unas oposiciones como empleado administrativo y me trasladaron a Teruel, donde permanecí hasta el año 1949; fueron tres años para mí muy agradables en todos los aspectos. Recuerdo que en esa ciudad formamos una peña festiva, llamada “El Coyote”, que fue de las primeras que participó en las fiestas de “La Vaquilla del Ángel”. Al producirse vacantes retorné a Zaragoza, donde permanecería durante bastante tiempo en el negociado de Cartera.

Y ya, desde entonces, tuviste una brillante trayectoria profesional.

No me puedo quejar. De Cartera pasé a Subjefe de Contabilidad y después a Jefe de la Cartera Centralizada. Ocupando ese cargo se produjo la absorción del Banco de Aragón por parte del Banco Central y me trasladaron al Centro de Contabilidad y Cálculo, donde llegué a ocupar el puesto de Director del mismo. Al centralizarse ese negociado, en Madrid, pasé a formar parte del Equipo de Sucursales, que abarcaba la Zona Norte (Vascongadas, Navarra y Aragón), hasta mi jubilación en el año 1992.

Toda una vida. Prácticamente, cincuenta años de servicio.

Así es. Me entregaron la insignia de oro del Banco acreditativa. Entre mis compañeros tenía fama de ser un jefe duro, pero todos ellos colaboraron conmigo perfectamente, siempre me trataron bien y la realidad es que hice grandes amigos, que todavía permanecen y tengo la satisfacción de reunirme con ellos en este Club Cultural.

¿Qué opinas del panorama bancario actual con el de la época que viviste?

Ha cambiado totalmente. Yo no sé si será mejor o peor pero me quedo con el de entonces; existía un compañerismo que rayaba en la amistad y aunque se trabajaba mucho, era otra forma de vivir más agradable, a pesar de que los sueldos eran muy bajos; recuerdo que cuando fui a Teruel mi sueldo ascendía a 293’80 pesetas, absorbiéndomelo todo el pago de la patrona.

Vayamos ya con tu actividad deportiva, en la que destacaste sobremanera.

Siempre me ha gustado mucho el deporte, lo mismo el fútbol que el baloncesto. En el baloncesto fue una cosa muy típica, porque cuando regresé de Teruel, un buen amigo, muy amante de este deporte, me llevó al colegio de Árbitros y me inscribió. Empecé de anotador y cronometrador; después comencé a pitar partidos de categoría regional y, por suerte o por desgracia, siempre me tocaba pitar los compromisos “Helios – Iberia”, donde existía una gran rivalidad, pero siempre muy sana. Luego ya pasé a Liga Nacional como árbitro de primera.

¿Es polémico el puesto de árbitro?

Como humanos que somos, unas veces lo hacemos bien, otras regular y otras peor. Recuerdo que el primer partido que dirigí a nivel nacional, fue un “Iberia – Real Madrid” y a un jugador, que se llamaba Moreno (hoy hermano jesuita) le pité la cuarta personal y lo expulsé (entonces estaba así reglamentado). El periodista, Martín de Urrea, hoy buen amigo mío, me hizo una crónica en la prensa en la que decía: “Pitaron Garcés, madrileño y Royo, aragonés (lo hacían un árbitro de cada región de los equipos participantes). Garcés se inclinó hacia los suyos, pero Royo, con una actitud intolerable e inadmisible, propició la derrota del Iberia.

¿Recuerdas algún momento entrañable y anecdótico en tu carrera arbitral?

Sí, desde luego, arbitré en la gira que realizaron esos auténticos artistas del baloncesto que son los “Harlem Globetrottres”, en la Plaza de Toros de la Misericordia, pues era un partido de exhibición. En el campo del Tenis, que es donde jugaba el Iberia, donde estaba Ángel Anadón (Director vitalicio del Teatro Principal), me sucedió otra anécdota singular. El equipo contrario vestía totalmente de negro, en el sorteo expresé “Saca negro“. El jugador que era de color se dio por aludido, e interpretando que me movían motivos racistas se negó a jugar. Tuvo que intervenir el delegado del Iberia, Sr. Caballero -que era hijo del Alcalde de Zaragoza- y solucionar el incidente, diciéndole que yo me refería al color de la camiseta, pero yo lo pasé muy mal.

21-08-1957  Fiestas del Barrio de la Almozara

¿Durante cuanto tiempo fuiste árbitro de primera?

Fueron quince años y podía haber seguido más, pero me retiré porque este deporte se había profesionalizado mucho y había aspectos que no me satisfacían, ni iban con el espíritu deportivo que siempre me ha movido en mi trayectoria.

¿Intervendrías en partidos muy importantes?

Ya lo creo, he arbitrado partidos con equipos como el Real Madrid, Barcelona, Aizmalibar, Lorillo de Sabadell, Águilas de Bilbao, Estrella de Madrid, Juventud de Badalona y otros muy buenos de primera división de mi época.

¿Tendrás muy buenos recuerdos de entonces?

Pues sí. Me acuerdo de aquel gran jugador del Real Madrid que fue Emiliano, que del Águilas, pasó al Aizmilibar de Moncada y, posteriormente, lo fichó el Real Madrid, y de Buscató, del Juventud de Badalona. Eran dos personas de una educación exquisita. Cuando les pitaba alguna falta personal, independientemente de estar o no de acuerdo de haberla cometido, levantaban la mano respetuosamente acatando el juicio. En la actualidad esos detalles no existen en los jugadores y falta mucha deportividad.

En los tiempos actuales ¿Sigues el baloncesto desde la grada?

Naturalmente y también voy al fútbol, pues soy abonado muy antiguo del Real Zaragoza, ya que en mi juventud, además de árbitro de baloncesto, jugaba al fútbol de portero, llegando a disputar partidos con la selección de Banca, en los campeonatos de San Carlos Borromeo, y en el equipo de la Agrupación Artística Aragonesa.

¿Cual es tu opinión del baloncesto, actual, nacional e internacional y, por supuesto, en Zaragoza?

Pues regular, por no decirte mal, ya que como se mueven grandes cifras de dinero, el mercantilismo exacerbado elimina el espíritu deportivo. La época que yo viví era distinta, lo hacíamos todos por afición.

¿Crees que el C.A.I. volverá a jugar en la elite?

La época dorada del C.A.I. fue cuando estaba Rubio, que se jugó la final de la Copa de Europa en Ginebra, que se perdió, porque un jugador llamado Magit, falló lo que no está en los escritos. Ahora está a un nivel más bajo, pero todo puede suceder.

Cambiando de tema ¿Crees que el empleado de banca actual, puede combinar su actividad profesional, como tú hiciste?

Tienen otras perspectivas distintas. El nivel de exigencia les absorbe todo su tiempo. En mi época nos quedaba tiempo para todo, hasta para poder llevar alguna contabilidad por las tardes y conseguir algún estímulo económico más. Yo creo que los fines de semana los pueden derivar a sus hobbies. De cualquier forma, con buena voluntad y espíritu deportivo, se llega a muchos sitios.

¿Quieres añadir algo más, para los lectores de LA SIRENA DE ARAGÓN?

Agradecer tu invitación, y aunque no soy muy amigo de entrevistas, espero que mis compañeros y amigos lo lean y conozcan mis vivencias, que, en definitiva, son muy parecidas a las que ellos pasaron.

Muchas gracias, Alfonso, y muy pronto volveré a disfrutar de tu presencia, posiblemente sea en el Pabellón Príncipe Felipe, viendo un partido de baloncesto, o en el Estadio de la Romareda, ahora que el Real Zaragoza vuelve a ser equipo de primera división.

Por Leandro

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